Pocos platos anuncian el pleno verano con tanta claridad como unos melocotones calientes a la parrilla con burrata fría y cremosa y un hilo de balsámico oscuro. Es la idea dulce y salada que hay detrás del melón con jamón, llevada a un terreno más rico: el calor de la parrilla concentra los melocotones y caramela ligeramente sus bordes, la burrata refresca y suaviza el conjunto, y el balsámico añejo une la fruta y el queso. Parece algo por lo que un restaurante cobraría un buen dinero, y se tarda unos quince minutos.
El único requisito real son unos melocotones maduros. La parrilla favorece a la fruta que casi está, pero no puede rescatar un melocotón duro y poco maduro. Cómpralos fragantes y que cedan al tacto, y el plato prácticamente se hace solo.
Por qué importa el balsámico
Tanto la fruta dulce a la parrilla como la burrata láctea piden una nota de acidez y profundidad que evite que empalaguen, y un vinagre balsámico tradicional añejo aporta justo eso: oscuro, meloso, ligeramente sabroso. Como ya es espeso, se rocía directamente de la botella como toque final, sin necesidad de reducirlo. Un buen balsámico añejo aquí es la diferencia entre un plato bonito y uno que de verdad sabe completo.
Ingredientes
- 4 melocotones maduros, partidos por la mitad y deshuesados
- 2 bolas de burrata (unos 250 g)
- Vinagre balsámico añejo, para terminar
- Aceite de oliva virgen extra
- Un puñado de albahaca o menta
- Sal marina en escamas y pimienta negra
- Opcional: un puñado de almendras laminadas tostadas o jamón (prosciutto)
Utensilios
- Una plancha o barbacoa
- Una fuente para servir
Elaboración
- Calienta la plancha. Pon una plancha o barbacoa bien caliente. Pincela ligeramente las caras cortadas de los melocotones con aceite de oliva.
- Asa los melocotones. Colócalos con la cara cortada hacia abajo y déjalos sin tocar de 3 a 4 minutos, hasta que se formen marcas oscuras de parrilla y la fruta se ablande. Gíralos y dales un minuto más por el lado de la piel.
- Monta el plato. Trocea la burrata a mano sobre una fuente, dispón los melocotones calientes alrededor y entre ella, y sazona todo con sal en escamas y pimienta.
- Termina. Rocía generosamente con aceite de oliva, hila el balsámico añejo por encima y esparce albahaca troceada y las almendras o el jamón si los usas. Sirve mientras los melocotones sigan calientes y la burrata fría.
Notas del chef y errores habituales
- No muevas los melocotones. Déjalos tranquilos sobre la plancha caliente para que se caramelicen y se despeguen limpiamente. Enredar con ellos desgarra la pulpa e impide que se formen las marcas.
- Fruta caliente, queso frío. El contraste es el plato. Asa los melocotones justo antes de servir y saca la burrata de la nevera en el último momento.
- Sazona también la burrata. El queso lácteo necesita sal y pimienta tanto como la fruta. Sazona todo el plato, no solo los melocotones.
- Solo melocotones maduros. La parrilla concentra el dulzor que ya está ahí; no puede crearlo. Los melocotones duros siguen duros.
Variaciones
Las nectarinas, los albaricoques o los higos se asan y combinan con el balsámico igual de bien. Cambia la burrata por mozzarella fresca o un queso de cabra tierno. Unas lonchas de jamón lo convierten en un entrante más contundente, y un puñado de frutos secos tostados aporta crujido. En los meses fríos, asa la fruta en un horno bien caliente en lugar de a la parrilla.
Preparar con antelación y conservación
Este es un plato para hacer y comer, no para guardar. Puedes asar los melocotones una hora antes y servirlos a temperatura ambiente, pero el contraste de caliente y frío está mejor recién hecho. Monta el plato solo en el último momento para que la burrata se mantenga fresca e intacta. Cualquier melocotón a la parrilla que sobre está estupendo troceado en un bol de yogur a la mañana siguiente.
Cómo servir y maridar
Sirve como un entrante elegante o un almuerzo ligero con buen pan para rebañar el balsámico y el jugo de los melocotones. Queda de maravilla junto a una copa de prosecco frío, un rosado seco o un Lambrusco ligeramente frío, cuya suave efervescencia corta la untuosidad del queso. Es un plato pensado para una tarde cálida y muy poco esfuerzo.


